PostHeaderIcon Desarrollando el subdesarrollo

Hablar de desarrollo hoy día supone hablar de evolución, hablar de mejoramiento, progreso, supone hablar de crecimiento, incluso supone hablar de calidad de vida, todos al entender común sinónimos de desarrollo. Pero ¿Qué implica el desarrollo en un mundo capitalista? invirtiendo la pregunta, así nos queda: ¿Qué no implica el desarrollo en un mundo capitalista? Esta nueva pregunta tiene una respuesta muy básica y a la vez muy compleja, la conservación del planeta y la vida en común, es decir hablar de desarrollo (material) supone hablar de le extinción del planeta por tanto de la especie humana.

Bueno, necesariamente el desarrollo posee en su esencia una serie de aspectos muy formales que nos hacen estar intrínsecamente relacionados con el, con la idea de progresar, pues lo vemos parte de nuestro destino, el ir hacia delante, nunca hacia atrás. Determina inclusive una conexión entre lo que se “es” por debajo de lo que se quiere “llegar a ser”, y se contextualiza con el hecho de desear un futuro anticipado y de vivir un presente que solo existe por el deseo de tal futuro. Nos mantenemos en ese “lento, gradual asenso necesario e ininterrumpido del hombre hasta cierto fin” (Nisbet, 1996).

Pero la idea moderna de desarrollo plantea aspectos más oscuros en su aplicación, puesto que posee tres pilares fundamentales el desarrollo tecno–económico, cultural–científico, y ético–político, todos aspectos necesariamente entrelazados y que le han dado un vuelco a la sociedad moderna.

Ya a mediados del siglo XX Hiroshima y Nagasaki se convirtieron en el autentico símbolo de la refutación del progreso. Hannah Arendt llego a decir “es contrario a la dignidad humana creer en el progreso”.

En el plano político son nefastas las consecuencias que ha conllevado la cooperación moderna entre el conocimiento tecno–científico y el estado. Las bombas que terminaron la Segunda Guerra Mundial pusieron en deuda el principio de “Guerra Justa”, paradójicamente principio bandera de la política internacional de los EEUU desde la Guerra del Golfo. Lo que demostró de forma muy clara la orientación del progreso tecno–científico no hacia fines liberadores, sino hacia objetivos altamente destructivos. Y reivindicando por supuesto lo dicho por Arendt, quien tristemente seguirá siendo reivindicado a lo largo de este artículo.

Básicamente el signo más decisivo del fracaso del proyecto moderno de desarrollo es el signo más visible e impertinente, es la crisis general que viven las instituciones y los valores democráticos, la cual atribuyo al desarrollo por supuesto y que tiene que ver con esa interdependencia creciente que traspasa fronteras y que determinan los procesos económicos a escala planetaria, Globalización como lo conocemos hoy, estimulado por esa nueva revolución tecnológica, concretada en el desarrollo constante de las redes informáticas, situación entonces que nos coloca en un estado de usurpación de los poderes del Estado por nuevos actores financieros transnacionales. “El equilibrio del poder de la primera modernidad de la sociedad industrial queda así revocado y se traspasa a la autogestión de la actividad económica” según Beck 1998.

El desarrollo como condicionante del capitalismo globalizado, enarbola la imposición de la lógica financiera a la democracia, es decir la desnaturalización de lo político tal y como fue planteado en tiempos de la Ilustración, además de presentarnos nuevas formas de poder y dominación todas enraizadas al neoliberalismo. Vamos más allá, incluye medidas o formas que le dan una patada a la mesa de la forma más grosera, por ejemplo la extensión de la nueva cultura digital, en la que el estimulo de las sensaciones de ver, oír y tocar predomina sobre el desarrollo del pensamiento reflexivo propiciado por el lenguaje verbal. Casos concretos sobre esta nueva cultura son muchos, por tanto que nos encontramos leyendo esto frente a una pantalla luminosa.

Los interesados en desarrollar al mismísimo desarrollo, crean formas todas como ya dije bajo el modelo capitalista mundial, es decir las premisas de la acumulación, la expansión continúa, dan una suerte de presunción de que cada sociedad, dentro de sus propias condiciones y ritmos de evolución histórica, está sometida necesariamente a ese constante proceso de desarrollo hacia una etapa superior. Pongo ante ustedes el origen de toda esa fraseología derivada de esa idea de desarrollo, ejemplo “países desarrollados”, para dejar bien clarito, el supuesto retraso de los pobres frente a los plenos industrializados.

Para los mecanicistas defensores de la idea del desarrollo económico y su búsqueda de mejoramiento de la calidad de vida en la que mas allá del nivel de vida se apunta más bien hacia un mejoramiento de la calidad de los servicios públicos y privados supuestamente imprescindibles para la satisfacción de las necesidades fundamentales de los individuos y la sociedad, que de por sí representan o quieren representar una meta de la que no se cuestiona su carácter deseable o no deseable de “una moderna sociedad industrial”, les decimos que la actual crisis de la misma, el agotamiento de los recursos, el planeticidio, y además la misma toma de los pueblos subdesarrollados de su propia identidad, sus revoluciones, plantea una ilógica muy grande frente a este desarrollo planificado con billete.

Pero el progreso no representa solamente no progreso como lo he dicho por todo este escrito, si hay avance, el de la desigualdad, y me permití buscar las estadísticas del Informe sobre el Desarrollo Humano en 1999, hecho por el “Programa de Desarrollo de las Naciones Unidas”, a los cuales no les costó explicar que existe una disparidad en el reparto de la riqueza, tanto en la población interna de un país como entre los mismos países, así nos muestran las distancias entre los más ricos y los más pobres que ha sido de 3 a 1 en 1820, de 11 a 1 en 1913, de 35 a 1 en 1930, de 44 a 1 en 1973, y de 72 a 1 en 1992. Bastante clara esta comisión de desarrollo de la ONU, si hay un desarrollo, el de la pobreza, el de la miseria.

Es esto lo que implica hablar de desarrollo hoy en día, así respondemos la pregunta planteada en el inicio, así declaramos sospechoso todo discurso que hable de desarrollo, así entendemos que este desarrollo no significa evolución, sino que establece la posición más antagónica a esa idea, así comprendemos el valor de nuestras sociedades indígenas autosuficientes en todo, así decimos junto con un grupo de reggae que “el desarrollo no es material, es un estado de conciencia mental” Gondwana.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Un país desarrollado no se mide por su evolución capital o industrial si no por la mentalidad y la cultura de las personas que habitan en el... Muy bueno la publicación tomemos conciencia

Edgardo dijo...

Muy buena la publicacion, aplaudo el contenido del articulo, ya que a pesar de la tendencia ideologica de la pagina, es evidente que el planeta no debe tener color ya que es de todos y se trata de una cuestion de conciencia y educacion. Sentido comun.
Los felicito, y sigan asi, defendiendo sus valores y permitiendo que encontremos todos puntos medios y objetivos comunes por los que luchar como lo es la noble causa del cuidado de nuestro planeta. Defendamos nuestras instituciones y la libertad de expresion sin la cual no puediese estar haciendo esto. Se los dice una persona del centro y la conciliacion.
Edgardo Payares

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No te salves No te quedes inmóvil al borde del camino no congeles el júbilo no quieras con desgana no te salves ahora ni nunca no te salves no te llenes de calma no reserves del mundo sólo un rincón tranquilo no dejes caer los párpados pesados como juicios no te quedes sin labios no te duermas sin sueño no te pienses sin sangre no te juzgues sin tiempo pero si pese a todo no puedes evitarlo y congelas el júbilo y quieres con desgana y te salvas ahora y te llenas de calma y reservas del mundo sólo un rincón tranquilo y dejas caer los párpados pesados como juicios y te secas sin labios y te duermes sin sueño y te piensas sin sangre y te juzgas sin tiempo y te quedas inmóvil al borde del camino y te salvas entonces no te quedes conmigo Mario Benedetti